“Salas abuhardilladas, más bien pasillos, casi sin ventilación en donde se mezclaban toda suerte de infecciones y en las que las frecuentes epidemias acumulaban tal cantidad de pacientes, que materialmente faltaba el sitio necesario para moverse entre las camas”.
“Yo, ya de una generación distinta y formada al lado de Madinaveitia, el santo rebelde, tampoco me avine a que permanecieran en aquellos locales los enfermos hacinados; y entonces hice una campaña juvenil, y por genuinamente juvenil, violenta, que me costó dos expedientes de la Diputación, de los cuales escapé bien."