“El Rey pudo hacer el bien en persona y a manos llenas y pudo gustar del amargor y de la alegría de palpar una gran tristeza nacional y de soñar en remediarla... A despecho de todo el artificio de la política, podemos seguir esperando que los anhelos legítimos del país lleguen a los oídos de Rey y encentren en éste eco ye entusiasmo. Por encima de todas las ideas debe flotar esta esperanza. Si ella también se malograse; si este viaje del Rey, tan admirable por su parte, no fuese seguido de una actuación persistente y útil, entonces nada habría ya que ensayar dentro del orden actual de las cosas.”