“Recordemos tantas y tantas pobres mujeres de los pueblos de Castilla, singularmente de las provincias más míseras –Ávila, Guadalajara, Segovia-, que pasan por las consultas del hospital, avejentadas en tales términos que muchas veces hemos hecho la experiencia de calcular su edad antes de preguntársela, resultando quizá con diez o quince años menos de los que se les suponía. Sin duda, la enorme diferencia física que existe entre una de estas desgraciadas y la frescura juvenil que paralelamente a su función sexual logran conservar hasta edades avanzadas otras mujeres de medios económicos abundantes, está sobradamente explicada por la enorme diferencia que separa la existencia miserable de las primeras, azotadas de un modo bárbaro por la vida, y la de aquellas que suelen concentrar toda su actividad en el culto de su persona, porque se lo permite el ambiente económico en que viven y también, casi siempre, la ausencia absoluta de inquietudes interiores”.